Mercedes, Jueves 25 de Febrero de 2021
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Elvira Cumplido de Chopitea, por el Esc. Alfonso Arias

Acontecimientos | 07 Jul. Lo que hoy conforma la ciudad de Mercedes hace casi doscientos años comenzaba a tomar las características propias de una población, comenzando a poblarse numerosas parcelas sólo ocupadas hasta entonces por yuyales y numerosas enredaderas de tenaces plantas de rápido crecimiento, terrenos abandonados y olvidados por los escasos habitantes de su suelo.
Por eso allí donde era entonces casi el linde final del poblado, existía una extensión casi sin delinear, en los límites de lo que era el Campamento de las tropas portuguesas, la que ocupaba lo que hoy se consideraría como una entera manzana de terreno.
Estamos en el año 1823 y a través de revisar escrituras en los viejos Protocolos del Juzgado, otorgadas ante los primeros Alcaldes del lugar, encontramos que quien figura como su primer dueño era el vecino Manuel Bustamante, quien el 13 de enero de 1822 traspasa al “Ilustrísimo Mayor de Cazadores” Pedro Antonio Rebollo dicho solar y casas, mencionándose en ese documento que el terreno se encuentra ubicado “en el margen del Cuartel de este Pueblo que tiene una cuadra de área”.
Al citar “el Cuartel”, se refiere al que habían establecido los portugueses allí, durante su estadía en nuestro pueblo.
Al año siguiente, el 7 de enero de 1823 por medio de un apoderado, aquel oficial de las tropas en retirada, lo vende a José Miguel Nieves, estableciéndose en el recibo de pago de derechos por esa venta que la misma se realiza “en la Capilla de Mercedes”.
En lo particular, en varios trabajos hemos hecho referencia a que desde la hoy calle Braceras hacia el oeste se habían instalado primero los portugueses, suplidos luego por los brasileros, constituyendo un verdadero “Barrio Portugués”
Pocos años después, en 1831, José Miguel Nieves lo vende a Jorge Keen, haciéndose constar que se vende el terreno con una casa y que el comprador lo destina, según surge de otros documentos, a cultivar allí una verdadera huerta.
Keen era a su vez dueño de una extensión de campo en la zona de Sarandí, donde estuviera, más o menos por esa época, el famoso naturalista inglés .Charles Darwin, y desde la cual luego se dirigió al cerro de Los Claveles, desde donde hizo aquella exclamación ponderando ese sitio, como de los más lindos que había visto en su recorrido, el que hoy está amenazado en desaparecer por una proyectada represa.
Dos años después (1833) es adquirida por Manuel de Chopitea esa manzana de terreno, transformándolo en lo que se conoció como la Quinta de Chopitea, sitio que marcaba entonces casi el final del núcleo poblado de la Villa de Mercedes.
Finalmente en 1895 es adquirido por la Sociedad de Beneficencia de Señoras, institución que se había formado el 18 de julio de 1893, según surge del acta de constitución de la misma, en la que se detallan sus numerosos integrantes y que era presidida por Elvira Cumplido de Chopitea (viuda de Juan Antonio Chopitea), y que había comenzando a realizar su cometido en el edificio situado en esquina suroeste de las viejas calles Dolores y de las Minas (hoy calles Manuel Oribe y José E. Rodó) propiedad de la familia Maluzán.
El objetivo de esta Sociedad era el de proporcionar un albergue, un lugar de acogida de aquellos niños menores que se encontraban en situación de abandono, que se instalaría como “Asilo de Huérfanos y niños pobres y menesterosos”.
Se habían conjuntado las damas más distinguidas de la sociedad que tenían la visión de que eran numerosos los niños que por los avatares de la época (guerras continuas, inmoralidad, pobreza, desamparo) no tenían posibilidades de acceder a una vida decente y segura que atendiera sus necesidades de desarrollo y educación.
Participaban también la mayoría de las autoridades del medio que brindarían desde los lugares que ocupaban, su colaboración de la manera que fuere necesaria.
El acto de inauguración del primer edificio que ocuparon en 1893, contó con la presencia de la orquesta que interpretó el Himno Nacional, realizando sendos discursos la Presidenta doña Elvira Cumplido de Chopitea, el Jefe Político Cnel. Juan José Díaz, el cura salesiano Juan P. Rodríguez y el Dr. Mariano Pereira Nuñez, quedando en funciones inmediatamente.
Poco después se notó que el espacio utilizado era inapropiado para atender las necesidades de quienes debían ser atendidos y a ello colaboró también el hecho que a continuación relatamos.
Y aquí debemos hacer mención a una leyenda que se asevera es verídica: “Es encontrada una mañana, debajo de una higuera en esa enorme quinta de los Chopitea, una pequeña abandonada que con su llanto opacó el canto de los pájaros que habían tomado posesión de esa huerta, envuelta aquella en unas pobres ropitas, lo que conmovió el corazón de Misia Elvira Cumplido de Chopitea y decidió impulsar con el Comité del que formaba parte, la construcción en aquel lugar propiedad de su familia, de un edificio que sirviera de albergue o de Asilo a la niñez abandonada”.
Se construye entonces una capilla, un dormitorio, comedor, cocina y baño para dar inicio a una obra que con el correr del tiempo se va ampliando hasta realizarse una sólida edificación que cuenta con todas las comodidades para amparar a un gran número de Internos.
Posteriormente se anexan los cursos escolares del que participan los internos y al crearse en 1935 el Consejo del Niño, el Asilo Chopitea pasa a ser regido por aquel Organismo manteniendo la designación que recuerda el apellido de la generosa donante.
La sociedad mercedaria y también de todo el departamento rindió su homenaje a la personalidad de la donante del edificio y propulsora de los fines para el que es destinado, erigiendo en una de las esquinas y frente al edificio un hermoso conjunto escultórico obra de José Ilimona, conteniendo la imagen de Misia Elvira y un grupo de niños haciendo mención y representando su amor y protección a la niñez desvalida.
El Estado se hace cargo de su administración por medio de la Asistencia Pública en el año 1911.
En 1932 se forma la Comisión de Protección y Fomento de la Escuela que funciona en el Asilo. Se dictan los cursos escolares en el mismo edificio complementándose con una plaza de juegos para los niños que pasan horas al aire libre disfrutando de sus juegos.
En el año 1935 se crea el Consejo del Niño, haciéndose cargo de la marcha de instituciones semejantes y pasando en consecuencia el Asilo a su órbita como ya dijimos.
Tiempo después se complementó el destino de aquel desprendimiento, con la donación de un moderno edificio que realizaron los esposos Jesús Vizcaíno y Virginia Reca de Vizcaíno, ubicado junto al Asilo en aquel mismo terreno original, destinado a Casa Cuna y constituyéndose en un lugar destinado por completo al cuidado y amparo de la niñez de la población desde su propio nacimiento; tenían allí el cuidado, educación, juegos y diversión y aprenden a convivir con semejantes de su propia edad, siempre cuidados y vigilados en un lugar seguro, atendidos por médicos si es necesario.
Posteriormente ambos organismos han pasado a depender del INAU, permaneciendo en el Hogar Chopitea un número de internos que superan la docena de niños, quienes realizan todas sus actividades atendidas por personal que prodigan a estos niños el cariño y todo el afecto que les falta por no tener un hogar.
Si bien el origen de doña Elvira fue la ciudad de Buenos Aires, donde nació el 20 de mayo de 1830, cuando contaba 5 años de edad se estableció su familia en la entonces Villa de Mercedes, siendo sus padres Isidro Cumplido y Mercedes Astaburuaga ambos nacidos en tierras chilenas.
Su padre fue un conocido estanciero con tierras en el paraje Cololó, donde falleciera el 7 de noviembre del año 1867, siendo propietario de un extenso establecimiento en aquella zona del departamento, luego subdividido
Había casado doña Elvira en Buenos Aires, en el año 1846 teniendo sólo 16 años de edad, mientras que su esposo, que había nacido en Brasil, figura con 25 años al contraer matrimonio, teniendo numerosa descendencia.
Falleció ella siendo viuda, en Buenos Aires el 28 de agosto de 1903 con 73 años de edad siendo trasladados sus restos hacia el panteón de la familia Chopitea-Cumplido ubicado casi al comienzo del actual segundo cuerpo del cementerio municipal, el 28 de diciembre de 1909.
El matrimonio Chopitea Cumplido habitó siempre en la calle 18 de Julio entre las hoy Ferreira Aldunate y de Castro y Careaga, primero sobre una acera y luego en la de enfrente, habiendo permanecido un tiempo emigrado en Gualeguaychú cuando épocas de epidemias.
Al casarse les fue regalado el inmueble que en una época ocupó el Petit Hotel, hoy destinado a hospedaje de estudiantes provenientes del interior del departamento.


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